Supervivencia en agua. El windsurfista perdido

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Supervivencia en agua. El windsurfista perdido

Son muchas los relatos y películas en las que se cuentan las peripecias de navegantes tras un naufragio. Todos los que practicamos deportes náuticos respetamos y conocemos el mar, pero no quita para que en ciertas ocasiones nos veamos en una situación que nos haga necesitar de estos conocimientos. En este post vamos a repasar las cosas que debemos hacer si esto sucede y que podemos hacer para prevenir males mayores.

Como enamorado de la vela desde pequeño, practico windsurf desde hace 30 años y hace un mes (enero 2017) se me rompió el pie de mástil (pieza que une el mástil y la vela ) en medio del mar menor (Murcia) junto a la isla Perdiguera. Las condiciones eran una ola de 1 metro, viento de 20 nudos, temperatura exterior 12 grados y del agua 15. Siempre navego con un compañero y en seguida (10 minutos) se dio cuenta de que no me levantaba y se acercó a ver que me pasaba. Tras decirle lo que se había roto, fue a tierra a por otro pie de mástil y volvió a traérmelo. (15 minutos). Puse el nuevo y seguí navegando durante un buen rato más.

Este episodio en el que en menos de media hora había vuelto a navegar puede parecer un poco ridículo decir que pasé miedo. La realidad es que aunque he hecho cursos de supervivencia en agua en los que he estado 3 días en una balsa salvavidas y llevo mucho tiempo navegando en todo tipo de barcos, la espera se me hizo larga. Todo salió perfecto pero aun así los minutos pasaban muy lentos y mi compañero no llegaba. Esta experiencia personal os puede ayudar para entender que es normal tener miedo y hay que saber gestionarlo sin que te paralice el pánico. Hay que pensar en qué hacer y que evitar hacer, pasemos a ver los detalles.

Antes de salir a navegar, decir a alguien conocido que vais a navegar y que le avisaréis al salir, revisar que siempre se navega con neopreno, con el teléfono en una funda estanca y comprobar que funciona, que tiene batería, un chaleco antimpactos con cierta flotación, una licra de color naranja/amarilla (en el mar no se te ve ni encima de la tabla) y el casco cuando el viento arrecia y hay peligro de impactos. También llevo una mochila de agua con una barrita cuando voy a hacer largas travesías o cuando el viento viene de tierra y me puede alejar de la orilla. Por supuesto, compruebo la previsión también antes de salir. Intento no salir a navegar demasiado tarde, tengo en cuenta la hora de la puesta de sol, la posibilidad de que el viento caiga antes de lo previsto y, a veces, en función de todo ello llevo incluso un espejo de señales y una luz estroboscópica.

Una vez que sucede lo primero es no separarse de la tabla o algo que flote, son muchos los navegantes que saltan al agua de barcos y no pueden asirse a nada que flote. En nuestro caso, no separarse de la tabla, si se la lleva el viento ir a por ella con un ritmo constante que podáis mantener. En cuanto a la vela siempre que se esté encima de la tabla lo mejor es atarla a ella con cualquier cabo (escota mejor). No sabéis el soponcio que nos llevamos cuando después de buscar mucho a un amigo que estrenaba su tabla, la encontramos flotando a la deriva sin rastro de nuestro amigo. Es una sensación horrorosa. 16 nudos de tierra, invierno. El viento la había alejado de él mientras se despistó arreglándose el neopreno, chaleco, etc. La arrastramos hasta la orilla y cuando empezábamos a organizarnos, le encontramos en la orilla. Por fortuna todo había ocurrido relativamente cerca de la orilla y había conseguido llegar a nado (en contra del viento). Así que es importante tener muy presente que el viento puede alejar el material muy rápidamente. No te separes ni despistes y mantente agarrado a lo que flote.

Intentaremos no perder calor y subirnos a la tabla sentados a horcajadas o con los pies encima si es lo suficientemente ancha. Cuanto menos tiempo estemos dentro del agua menos calor perderemos. Además y gracias a la licra de color llamativo naranja o amarillo podrán ver donde estamos. Desde lejos es muy difícil ver a una persona encima de una tabla, especialmente con olas o mucho viento y la licra es la solución.

Si no tenéis la suerte de tener un compañero cerca hay que ponerse en “modo supervivencia”, esto significa que debemos reservar energías y calor evitando ponerse a nadar en contra del viento. Valoremos primero las opciones que tenemos y hacia donde nos lleva el viento, luchar contra él es un error grave que puede pasarnos factura.

En el caso de que el viento no nos lleve a tierra aunque sea lejana, deberemos primero intentar conocer nuestra posición por enfilaciones o posición relativa y luego utilizar nuestro teléfono (si lo llevamos) y llamar al 112. No tardéis en hacer esta llamada y ser lo más precisos en la situación y hacia donde os lleva el viento, aunque el servicio de salvamento es rápido, el viento nos aleja rápido.

Para hacer enfilaciones debéis intentar alinear algún punto de la costa con alguna montaña de detrás y describirlo al que os escuche por ejemplo y en el caso del mar menor, extremo sur de la perdiguera con faro de cabo de palos. Es mejor dar dos o tres enfilaciones y con elementos naturales (no edificios) para que con un plano puedan localizaros mejor.

En el caso de que no tengamos teléfono, hay que confiar en que vuestra llamada a vuestro amigo antes de salir ponga en marcha un procedimiento de búsqueda. Al empezar, dadle la hora estimada de salida y confirmadle que le avisaréis al salir. Si no lo hacéis regularmente, considerará que no ha pasado nada, todo se retrasará mucho o incluso no se pondrá en marcha nada.  En este caso dependeremos exclusivamente de nuestras fuerzas, capacidad de resistencia y disciplina personal.

Sed positivos y pensar que os van a rescatar, no dejéis que otros pensamientos os abatan. Ahorrar energía tocando lo menos que sea posible el agua que ahora está muy fría y por la que se pierde mucho calor. No hagáis esfuerzos grandes que os hagan sudar o gastar energía y confiar que os encontrarán y nunca, nunca dejéis vuestro medio de flotación.

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