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Liderazgo (III). Ley de Murphy. (Si algo puede fallar, fallará)

Esta ley afecta directamente al liderazgo causando innumerables quebraderos de cabeza y siendo uno de los motivadores para el diseño y planificación de organizaciones y sus actividades. La tendencia natural de las cosas es a desordenarse, no a ordenarse. Cuanto más compleja es la estructura o empresa, mayor probabilidad de que algo falle o se complique.

Pero, ¿por qué sucede esto?, ¿cómo podemos evitarlo?

La propia naturaleza es compleja y llena de múltiples posibilidades, unas nos favorecen y las más nos perjudican para la consecución de nuestros objetivos. Poniendo un ejemplo si se nos cae una caja con un puzle, las posibilidades de que este caiga al suelo exactamente en la posición correcta es ínfima en relación a las millones de posibilidades de que las piezas estén cada una por su lugar. El concepto que define esta medida de la probabilidad es la entropía. Ludwig Boltzmann explicó la teoría estadística de la entropía como parámetro del desorden diciendo que ”la cantidad de entropía de un sistema es proporcional al logaritmo natural del número de microestados posibles”.

La entropía alcanzará un mínimo cuando el sistema se acerque al equilibrio, y entonces se alcanzará la configuración de mayor probabilidad. En el ejemplo del puzle una vez que lo hemos hecho la entropía es baja mientras que si las piezas están en la caja y desordenadas la entropía es muy alta.

Un sistema en una condición improbable tendrá una tendencia natural a reorganizarse a una condición más probable. Por este motivo nuestro esfuerzo debe ir dirigido a mantener el orden, hacer que tenga menos entropía nuestro sistema.  Nuestro trabajo se verá recompensado con menos esfuerzo al ser el sistema menos entrópico. Pongamos algunos ejemplos para entenderlo.

Si guardamos todos nuestros archivos en el escritorio del ordenador al principio son manejables pero llega un momento que el sistema se vuelve tan entrópico que debemos de gastar un gran esfuerzo para encontrar un archivo en la pantalla de nuestro escritorio. Sin embargo si guardamos cada cosa en su lugar desde el principio el esfuerzo incremental de cada archivo es muy pequeño, y el sistema tiene menos entropía y tiende menos al desorden y al caos de no poder encontrar lo que necesitamos.

Con las organizaciones es exactamente igual, si no se controla el trabajo de las personas y no se ejerce una revisión y coordinación de un equipo, éste tiende a la desorganización. Cada individuo toma sus decisiones y el sistema cada vez más entrópico tiende al caos y afecta directamente al rendimiento.  Una adecuada coordinación y control de las tareas consigue que los equipos funcionen mejor.

En este sentido todas las piezas de una organización colaboran al nivel de entropía y tan sólo con una persona se puede causar un gran daño a un equipo. La tendencia natural al desorden se ve potenciada por este miembro haciendo el sistema más entrópico.

Aparece entonces otro dilema cuál es el tamaño adecuado de organización, la burocracia hace el sistema más entrópico o por el contrario lo hace menos. Mi opinión personal es que hay que reducir las organizaciones, reducir las duplicidades y las dobles dependencias. Los sistemas complejos tienden más a la entropía, el beneficio de control de la actividad de sus miembros a la vez crea muchas ineficiencias y favorece el caos. Buscando el orden se consigue menos efectividad en la consecución de objetivos. Se crea entonces una capa de controladores que controlan a su vez a los que controlan que lleva a la ineficiencia y a unos costes de gestión mayores.

 

Continuará…

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