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Liderazgo (I). Se nace o se hace.

La capacidad de liderazgo de las personas es algo que desde pequeños podemos observar en los juegos de los niños, pero que en los tiempos actuales está muy en boga debido a la falta de emprendimiento y nuevos puestos de trabajo y la baja rotación de los puestos directivos. Las nuevas generaciones requieren un líder que les ayude en su crecimiento personal, además de cumplir los objetivos empresariales, que les guíe y ayude en este camino, ilusionando e impulsándolos hacia el objetivo común.

Respondiendo a la pregunta del título, hay líderes que nacen y otros que se hacen. La crisis que hemos sufrido ha hecho que muchas personas asciendan en organizaciones, sin tener estas cualidades innatas y con una exigua formación en estas lides. Por este motivo las empresas forman a sus directivos y les dan sesiones de coaching para ayudarles en la ardua tarea de dirigir la nave de una empresa o institución. Otro tema a discutir es saber cuáles son las capacidades o características que debe tener un buen líder.

Las características de estos líderes no son las mismas a través de los tiempos, hoy los líderes son mucho más colaborativos de lo que eran hace unos años cuando se imponían los criterios del jefe, simplemente por el status y sin rechistar. Podemos concluir que el momento histórico cambia la definición de líder y sobre todo los valores y capacidades que se le esperan.  Otra variable que influye directamente es la empresa o institución en la que se engloba el líder, la cultura de la misma influirá directamente en los valores que se le asocian al líder, anulando muchas veces las características propias que tenga el líder y potenciando las de la cultura empresarial reinante.

Empecemos por uno de los valores fundamentales para el liderazgo, la iniciativa.  Este valor va unido directamente a otros como son la voluntad o la confianza en sí mismo. “El éxito depende menos de las ayudas ajenas que de la confianza en sí mismo” (Lincoln). Aquellos jefes que no impulsan sus proyectos, dudando de los pasos dados, retrocediendo o buscando indefinidamente nuevos enfoques (procastinando) hacen un flaco favor a la organización, ralentizando la consecución de los objetivos y metiendo una carga gratuita de trabajo a los equipos, que se sentirán sin rumbo y desilusionados.

El tener iniciativa no es sinónimo de precipitación. Impulsar una nueva propuesta debe venir de un proceso de reflexión y estudio inicial. Pero es el largo proceso de llevar a cabo una idea donde la voluntad del líder y la confianza en sí mismo, son los valores que consiguen superar los baches que en todos los proyectos aparecen. Para cultivar estos valores hay que apoyarse en los pilares sólidos del estudio detallado y la preparación metódica de los proyectos. Un profundo conocimiento de la tarea nos ayuda a no dudar en que hemos dado los pasos adecuados, adoptado el orden correcto o asignado los recursos humanos y económicos precisos.

En siguientes artículos estudiaremos cada una de las cualidades que debe tener el líder y como se pueden desarrollar, tanto desde el punto de vista de la organización o empresa cómo desde la del jefe.

Continuará…

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